Inmigrantes: los gitanos.

El pensamiento que tienen no solo jóvenes, sino también personas adultas sobre los inmigrantes no siempre ha sido el mismo. Hace muchos años, los gitanos venidos de Rumanía aportaron, muchos de ellos, su voz a un género musical creado en Sevilla y conocido en los países hispanos: el flamenco. En las raíces de bastantes sevillanos corre sangre gitana. Y, que yo sepa, hay el mismo número aproximado de vascos y sevillanos violentos. En los últimos años, la población gitana ha aumentado bastante. Esto sucede por la incontrolable anarquía que se extiende por las calles de Rumanía. Es casi imposible salir a la calle con normalidad sin que un criminal––digo criminal porque, por culpa de las mafias, uno de cada diez niños se ve obligado a portar un arma blanca o de fuego––te apuñale por la espalda o te vuele la cabeza. Familias enteras tienden a emigrar a países donde la democracia aún se respeta, así como Francia, España, Alemania..., y eso no es vergonzoso, ni malvado. Lo haría cualquier persona que temiese por su familia.
En Francia el ex presidente Sarkozy les dio trescientos euros a cada uno y expulsó a todos ellos de sus campamentos y del territorio francés. Un equipo de televisión viajó desde España hasta Francia para llegar a un campamento rumano a las afueras de la capital. En la televisión podían observarse las caras de horror y tristeza de mujeres, hombres, incluso de niños, que con solo cinco años se quedaban sin un hogar donde crecer felices. A pesar de todo esto, el equipo de televisión fue perfectamente tratado. Y todo ello a pesar de que el simpático y antiguo presidente, Nico, tiene familia rumana.
En España no se han tomado medidas, como debe ser. Cuando oímos hablar de los gitanos pensamos en adolescentes––siempre chicos––que caminan por las calles con catorce navajas en los bolsillos, dos en las botas y una debajo del reloj. Eso no es cierto. Siempre son unos pocos los que se aventuran a andar por las calles más pobladas, y son solo algunos de ellos los que amenazan a los ciudadanos. No los llamo criminales ni santos, solo personas. Porque tampoco es que no haya adolescentes españoles violentos. Y además, los gitanos tienen doble nacionalidad o permiso de residencia, por lo que técnicamente son españoles. Los padres de estos adolescentes no suelen ser conflictivos. Por lo tanto, esa “gran mayoría” queda considerablemente reducida.
La mejor forma de ayudarles a integrarse en nuestra sociedad es saludarles, hablar con ellos con normalidad y abandonar los prejuicios, porque, como ya se sabe, Albert Einstein dijo una vez que no pertenecía a ninguna raza salvo a la raza humana.
Y esta ha sido mi relexión sobre los inmigrantes rumanos.
Un abrazo,
Asier Olea.

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