Después de tanto tiempo.

Buenos días. Hace un montón de tiempo que no escribo una entrada como esta, una redacción. Creo que hace casi un año, desde que escribí la pequeña argumentación en contra de esa fiesta, El Torneo del Toro de la Vega. Desde entonces no he escrito mucho más. Perdí la inspiración durante unos meses, y la volví a encontrar tras decidir terminar mi relato "Volviendo a la vida". Realmente se nota bastante el cambio de mi forma de escribir a mitad del relato. Tenía un final planeado y terminé con otro, qué se le va a hacer. Tengo otro relato, ¿sabéis? Este no está escrito, ni siquiera a la mitad, pero quiero dejar constancia aquí de ello, para que, si no lo publico, yo mismo quede como un sinvergüenza que no cumple sus promesas. Va a ser muy bueno, o al menos lo es en mi cabeza. Y ni siquiera sé si es realizable. Os contaré hasta el final, a mí me dan igual los spoilers. Un asesino anda suelto en el Bronx de Nueva York. Mata a gente, pero nunca de modo directo. Lo arregla todo para no tener que empuñar nunca un arma. Ni pistolas, ni navajas. Nada. Es un genio. No se le ha escapado una sola víctima. Y mata siguiendo un orden alfabético. Alberto, Bárbara, Carlos, ya sabéis. Aunque en inglés y por apellidos en vez de nombres. Se hace llamar 27, obviamente, por el número de letras del abecedario. El número de muertos que planea matar. En el cuerpo de policía de Nueva York nadie se ha fijado en el patrón que suele seguir. Buscan nexos de unión como el color del cabello de las víctimas, el dinero que tienen, la religión, la etnia, el sexo, la orientación sexual, incluso la procedencia, pero nada. Jonathan Zimmer, un no muy conocido detective privado que nunca ha fracasado a la hora de atrapar a un criminal, acepta un caso que lo acabará destrozando por completo. Es ateo, progresista y muy inteligente, con amplios conocimientos sobre literatura y ciencia. Él intentará atrapar al misterioso "27". Intenta descubrir las aficiones del asesino. Un pastor afirma haber atendido la confesión de un hombre que acudía para decir que había matado a un hombre la noche anterior. De modo que es protestante. Esa es la única pista que Jonathan tiene. El asesino mata a más personas. Ya ha matado a su víctima número 25. Y mientras tanto, mientras Jonathan Zimmer intenta averiguar quién puede ser el asesino y por qué motivos mata, la policía de Nueva York parece estar divirtiéndose en clubes de striptease, porque no aparecen por ninguna parte. La noche del 14 de Julio, ve una nota pegada en su nevera. No recuerda haberla visto allí, y vive solo. La nota dice "You". ¿Por qué esa palabra? ¿Él? ¿Quizá el asesino quiera matarle? Se va a la cama, cree estar cerca de encontrar al criminal. Puede que esté allí mismo, quizá lo está vigilando desde las sombras. Decide arriesgarse y se mete en la cama. A la mañana siguiente, al levantarse, se resbala con algo, y al mirarlo descubre que es la fotografía de la cabeza separada del cuerpo de Vanessa Yates. Su exnovia. Pasa el día alterado. El asesino ha cambiado su forma de matar. Quizá para avisarlo. Quizá para advertir a Jonathan Zimmer de que es más peligroso de lo que piensa. Al llegar la tarde, está muy alterado. Demasiado. Vuelve a tomar la nota de la nevera. You. Tú. La nota advierte de algo. No de su próxima víctima, comprende Jonathan, sino de la identidad del asesino. Él es el asesino. De ahí su falta de energía por las mañanas. El asesino caza de noche. Tiene, según advierte el detective Zimmer, un trastorno de múltiple personalidad. Su otro yo es tan listo que ha acudido a distintas iglesias del estado para confesarse por sus crímenes el tiempo suficiente para conseguir matar a todas las demás víctimas mientras la policía y los detectives buscan el perfil de un cristiano. Pero no, Jonathan lo ha descubierto a tiempo. El asesino no matará a nadie esa noche. Veintisiete no se llevará a su última víctima. Decide no dar parte a la policía. Él sólo atrapará al asesino. Lo matará. Prepara un nudo con una cuerda y la cuelga del techo. Siempre pensó lo que se sentiría al morir ahorcado. En su caso, una gran alegría. Ha sido más listo que él. Que su otro yo. Ha sido más listo que Veintisiete. No puede dejar de sonreír cuando sus pies cuelgan del techo y cierra los ojos para morir en paz. Un papel cae de su mano. Ensimismado en su descubrimiento y en el cansancio de la noche anterior no se dio cuenta de que está escrito por las dos caras. Una dice "tú". La otra, "asesino y víctima". Y así es, amigos míos, como la parte oscura de Jonathan Zimmer acabó con su última víctima haciéndole creer que era más inteligente de lo que de verdad era.

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