domingo, 28 de diciembre de 2014

5 de diciembre.

Hoy es cinco de diciembre, mi amor,
y como este noviazgo no es secreto
he decidido escribirte un soneto
y darte dos pendientes y una flor.

Si tú ahora mismo sientes lo que siento,
que creo que es lo que tú también sientes,
hazme un favor y ponte los pendientes
sin una sola protesta o lamento.

Me dijo en la tienda la dependienta
que no es todo de oro, que es un chapado,
así que debes andar con cuidado:

si una colonia no hay de alcohol exenta,
échala antes de habértelos colgado.
Te quiero, y espero haber acertado.


Este es mi poema número 250. Lee aquí la descripción.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El poema más triste de la historia.

Ya hace más de año y medio
mi inexistente y fiel sabiduría
quiso que yo compusiese un remedio
para mis sentimientos de alegría,
escribiendo sin tedio
mi más triste y culminante poesía.
Quise yo, amigos míos,
jugar a hacer llorar al Universo
tejiendo telas de letras, y ríos
de palabras de sentido diverso.
Me recorrían mil escalofríos
cuando lograba escribir otro verso.
Eso era lo más difícil del mundo,
lo intentaba y me dolía escribir,
a cada verso y a cada segundo
me sentía morir,
eran vocablos de mi yo profundo
que me hacían gemir.
De mis ojos, duras como el acero
las lágrimas brotaban sin mesura,
me azotaban las palabras de cuero
y en mi alma se abría otra gran fisura,
pues aquello era un canto de jilguero
que hacía que perdiese la cordura,
y mi corazón sentía con pena
la vil tristeza ardiente
de mis trágicos versos en cadena;
mas yo, como si fuera un delincuente,
trataba de hacer mi poesía amena
secándome una lágrima caliente.
Tan duro era el dilema
de continuar esta pieza fatal;
era tan triste y era tan blasfema
mi aflicción abismal,
que puse fin al tétrico poema
escribiendo yo este verso final.