miércoles, 5 de junio de 2013

Violencia de género.

Tú te casaste contenta,
y el se casó feliz.
¿Quién hubiera imaginado
que ibas a morir así?

Te sentite inferior,
y él se lo creyó.
Empezó con piropos y besos,
después vinieron las agresiones.

Es uno de esos obsesos
que sólo ofrecen golpes.
Hubo gente que te avisó.
Ahora llegan las lamentaciones.

¿Por qué callaste
cuando podías escapar?
¿Por qué?
¿Por qué cerraste la boca
cuando tenías que gritar?

El no abusa de quien quiere,
sino de quien puede.
Te golpea, se ríe y te miente.
Llega tarde del bar, no esperes que te lo cuente.

Ya oíste a los vecinos:
deja a tu marido,
que te va a hacer daño.
Y tú no hiciste caso.

Sí, será el único que trabaja,
pero se funde toda la pasta
en doscientas cervezas,
y después, borracho, te pega.

Sus amigos son iguales,
todos ellos, unos anormales.
Quién hubiera imaginado que ibas a morir así,
en un bonito día de verano.

Ahora ya es tarde.
Él está encarcelado.
El muy cabrón negó tu asesinato,
pero tú ya no estás.

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