miércoles, 9 de enero de 2013

Te beso, te muerdo, juego y te poseo.

Me acerco a ti por detrás,
te sorprendo con un susto,
miro cerca y veo más,
bragas blancas, qué buen gusto.

Te acaricio yo la piel
con un lento movimiento,
suave eres, como la miel,
y es placer lo que yo siento.

Va creciendo mi libido,
hay mucha sangre en mis venas,
susurrando, yo te pido
desnudarte y no me frenas.

Noto tu aura femenina
con tu cuerpo en proporción,
y tú, con calma felina
te lanzas por mi ratón.

Te detengo lentamente,
pues te quiero hacer sufrir,
siento el sudor en tu frente
y tu corazón latir.

De pronto el tiempo se para,
tu sujetador yo miro,
me acerco, beso tu cara
y tu suave olor respiro.

Despacito y con ternura
tus húmedos labios beso,
con cariño y con dulzura
juego yo con mi sinhueso.

Tras esperar un ratito
viéndonos en un espejo,
el sujetador te quito
y tus pechos libres dejo.

Te encuentras semidesnuda,
mas quiero jugar un rato,
tu pierna derecha suda
cuando te quito el zapato.

Hacia la otra pierna voy
y el zapato voy quitando,
bastante excitado estoy
con tu entrepierna pensando.

Sólo ansío poseerte,
y mi excitación no mengua
cuando dejo de lamerte
para besarte con lengua.

El ojo derecho guiño
al mirar tus ojos bellos;
los contemplo con cariño,
hermosos como sólo ellos.

Masajeando tu espalda
uno de tus muslos muerdo,
dejando bajo la falda
esa marca de recuerdo.

Pronto meto, sonriendo,
en tu falda la cabeza,
sobre tus bragas lamiendo
con mucha delicadeza.

Tras todo eso, salgo fuera,
de tu trasero cerquita,
deslizo por la cadera
tu roja falda bonita.

Voy bajando con cuidado
las bragas por tus tobillos,
por tu suave pie rosado,
donde lamo los dedillos.

Ya no te queda más ropa,
está tirada en el suelo;
caliente como una sopa
respiro tu largo pelo.

Sin abrir la boca, mudo,
me quito las deportivas;
y hasta quedarme desnudo
junto nuestras dos salivas.

Ya no tengo pantalones,
los miedos desaparecen,
y al lamerte los pezones
los nervios se desvanecen.

No puedo quedarme quieto,
necesito escuchar ruido,
así que al fin te la meto
causando en ti un gran gemido.

Tu interior es agradable,
me encuentro en el paraíso,
por lo que usando mi sable
la saco y meto, preciso.

Gozas bastante, lo veo,
está claro que te gusta;
me encanta, pues te poseo,
algo que a ti no te asusta.

Sigo con mi mete-saca
mientras tú te contorsionas;
mi instinto animal ataca,
le contestan tus hormonas.

Lamo de ti cada seno,
ya libre sin el sostén,
y en ningún momento freno,
sino que sigo el vaivén.

Muy veloz, con entusiasmo
al mismo tiempo llegamos
al fuerte y grandioso orgasmo,
y abrazados nos tumbamos.

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