viernes, 4 de enero de 2013

Eres mía.

De todos los venenos
el que a mí me más me vicia
es cualquiera de tus dos grandes senos
y de ellos cualquier tipo de caricia.
No me paran los frenos,
me puede la avaricia
ya que deseo los dos y no menos,
tan grande es mi codicia.
Bajo por tu cintura,
noto nuestra fricción
y cómo se me va poniendo dura,
excitado por tu respiración
acelerada y tu sexy postura,
esa dulce obsesión
que guía mis manos y mi locura
colmando mi pasión.
Mi cabeza se empieza a volver loca,
y también mis cojones,
está dura, cual roca
gracias a tus pezones.
Comienzo a usar la boca,
no me faltan razones;
la culpa es del clítoris, me provoca,
y yo le respondo con lametones.
Ya no puedo aguantar
sin ocultar mi malvada sonrisa,
te voy a penetrar
pero lo hago sin prisa,
pues me hago de rogar
disfrutando tu expectación sumisa,
sigo el movimiento sin vacilar
y gritas bajo mi fuerza precisa.
Subo y tus labios beso,
y tras decidir ser más retorcido,
juego con mi sinhueso
y, soltando un gemido,
tus dos pechos sopeso,
pues aunque nunca he sido un entendido
hoy seré muy travieso,
hoy, que parece que esté poseído.
Juego, toco y te muerdo
mientras te contorsionas,
yo sintiéndome un cerdo,
y tú hirviendo en hormonas.
Ya sé que no estoy cuerdo,
pero es que me apasionas,
ya sé que este será el mejor recuerdo
de nuestras cucamonas.

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