jueves, 3 de enero de 2013

Dios no me dio la voz, sino la palabra.

Dios nunca me dio la voz, Dios me dio la palabra;
la palabra, de los hombres el mayor tesoro,
me dio Dios la palabra, Dios me concedió el oro,
escribo poemas como el campesino labra.

La palabra, de las cosas la menos macabra,
palabra, esa palabra es la que yo más adoro,
palabra es la palabra que no minusvaloro,
es de la vida, la palabra, el abracadabra.

Así que si a usted, amigo, le viene la duda,
no vaya y escoja, en vez del oro, la hojalata,
no se conforme usted con cualquier cosa decir,

no se decante por la voz, la palabra muda,
vaya y escoja usted el oro en vez de la plata,
mucho más productivo que hablar es escribir.

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