sábado, 15 de diciembre de 2012

Por una moneda empieza la guerra.

Lejos de aquí se encuentra el sol, inerte,
da calor a la tierra,
pero aquí sólo hay muerte,
armas, dolor y guerra.
Bastante mala suerte,
la gente se soterra,
su corazón no es fuerte,
las puertas a la esperada paz cierra.
¡Ah!, se oyen los gemidos
de muertes sin reparos,
de miles de suspiros,
¡pum!, se oyen los disparos
y millones de aullidos,
culpa de los avaros,
del petróleo, del oro y los zafiros,
de los diamantes caros.
Las heridas no sanan,
se marchita la flora,
los cuellos se rebanan,
porque nos llega la hora,
porque muchas parejas ya no se aman,
porque se nos marcha la diosa Aurora,
los buenos pierden y los malos ganan.
Parad ya, pues lejos un niño llora.
Cuando no me peguen y no me aticen
y se empiecen a amar,
sus chillidos de furia se suavicen,
pararé de gritar.
Cuando se cumpla lo que ellos predicen,
y dejen de matar,
cuando sea verdad lo que nos dicen,
dejaré de llorar.

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